sábado, 21 de mayo de 2011

FUNCIÓN DIAGNÓSTICA DE LA EVALUACIÓN

La verdadera evaluación exige el conocimiento en detalle del alumno, protagonista principal del proceso, con el propósito de adecuar la actividad del docente (métodos, técnicas, motivación), el diseño pedagógico (objetivos, actividades, sistema de enseñanza), el nivel de exigencia e incluso el proyecto educativo a cada persona como consecuencia de su individualidad.
El proceso de Enseñanza Aprendizaje requiere de la evaluación diagnóstica para la realización de pronósticos que permitan una actuación preventiva y que faciliten los juicios de valor de referencia personalizada. La actuación preventiva está ligada a los pronósticos sobre la actuación futura de los alumnos.
¿Cuál es el rol de la función diagnóstica?
      Establecer el nivel real del alumno antes de iniciar una etapa del proceso de enseñanza-aprendizaje dependiendo de su historia académica;
       Identificar aprendizajes previos que marcan el punto de partida para el nuevo aprendizaje.
       Detectar carencias, lagunas o errores que puedan dificultar el logro de los objetivos planteados.
      Otorgar elementos que permitan plantear objetivamente ajustes o modificaciones en el programa.
      Establecer metas razonables a fin de emitir juicios de valor sobre los logros escolares y con todo ello adecuar el tratamiento pedagógico a las características y peculiaridades de los alumnos.
      No debe llevar nota, porque se pierde la función diagnóstica de la evaluación. La nota tenderá a penalizar a los estudiantes, cuando lo que en realidad se busca es que den cuenta de lo que manejan al inicio de una unidad de aprendizaje. Solo es posible calificar un estado de avance cuando ya se ha llevado a cabo un proceso de enseñanza-aprendizaje.
      No tiene por qué ser una prueba, puede ser una actividad programada. Lo importante es que se tenga muy clara la pauta de evaluación porque sin ella no se podrá sistematizar la información obtenida.

¿DEBE APLICARSE INDIVIDUAL O DE FORMA COLECTIVA?
      Puede ser individual o grupal, dependiendo si se quiere  tener una visión global o particular de los alumnos.

FASES DE LA FUNCIÓN DIAGNÓSTICA
      Identificar objetivos del programa de estudio a evaluar: Para cualquier instancia de evaluación es indispensable que el docente tenga claro el aprendizaje deseado, es decir los objetivos y metas que se espera lograr al finalizar la unidad.
      Selección del instrumento: El paso siguiente será decidir qué instrumento se empleará para la recolección de información (pruebas escritas, interrogaciones orales, pautas de observación, cuestionarios, preguntas, etc.).
      Obtención de la información: Supone la aplicación de los instrumentos seleccionados.
      Registro y análisis de la información: Una vez aplicado el instrumento a los estudiantes se realizará el análisis de los resultados que mostrará los logros alcanzados, así como también las deficiencias y errores que el desempeño de los alumnos presenta en función de los objetivos de la unidad.
      El registro de la información debe aclarar los logros en cada uno de los objetivos evaluados para decidir sobre los aprendizajes que ameritan ser reforzados, así como la detección de posibles causas de errores esto tanto por grupo como por alumno.
      Toma de decisiones: Consiste en formular juicios, tomar decisiones, resumir y dar a conocer la evaluación diagnóstica. También se debe hacer un establecimiento de estrategias para la superación de fallas y errores y su correspondiente refuerzo.
      Se trata de disponer de información significativa y suficiente que nos proporcione una visión global que nos permita hacer una valoración de la calidad del proceso educativo, en el contexto en el que se desarrolla y para las personas implicadas en el mismo.
      Entendida la evaluación diagnóstica, de esta  forma podemos valorar la congruencia de los objetivos propuestos, la utilidad de los métodos utilizados, la organización escolar y el propio rendimiento del alumnado.
      Desde esta función diagnóstica la evaluación debe incluir una toma de decisiones que permita mejorar el proceso y sus resultados, introduciendo los cambios y apoyos que sean necesarios. Así, el docente podrá modificar su propia práctica y el alumno mejorar su proceso de aprendizaje.



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